Echar la vista atrás y pensar en todo lo acontecido para llegar a este punto, me hace caer en cuenta de lo difícil, a la par que gratificante, que ha sido iniciar y mantener un negocio propio.

Todavía recuerdo cuando a más de 9,000 km. de distancia le conté a mi papá lo que quería hacer; fue el primero en apoyarme y en decirme los riesgos que conllevaba emprender. “Nunca más volverás a dormir tranquilo”. No le creí. Llevaba razón.

Como muchos saben, tener una sociedad en este país implica la presencia de alguien mexicano, así que mi primer “socio” fue Ricardo Olavarrieta, a quien le debo no solo el apoyo documental sino también el moral. Fue todo un reto aventurarse a iniciar en un país que no es el de uno y este cuate me hizo ver las ventajas que tenía México y por qué “sí” era una buena opción. ¡Gracias! Sin ti no hubiera sido posible.

Y en este punto, caído del cielo, llegó Best, esa empresa que ha ido creciendo a la par de Cabrera, pero a un ritmo desorbitado. Fue el primer proyecto que cerré trabajando de manera independiente y que confió en mi valía como persona. ¡Gracias! También fuiste (y sigues siendo) parte importante de esta familia.

Una vieja amiga de España, Inma Soriano, se enamoró de México en una ocasión que vino a visitarme. Tanto fue así que en cuanto tuvimos la oportunidad y Cabrera & Co. ya estaba constituida con su razón social, iniciamos su contratación e incorporación, ahora sí, como socia de la empresa. Juntos empezamos a cerrar nuestros proyectos más grandes, y llegó el estrés, y llegaron las altas y las bajas laborales, y llegó el éxito pero también el sufrimiento de crecer. A veces incontrolado. Sin duda, para ella es un GRACIAS en mayúsculas, porque a pesar de ya no formar parte del equipo societario de Cabrera, su esencia sigue impregnada en cada proyecto y en la metodología de trabajo que llevamos a cabo.

Y todo esto compartido con Luisa Escobar, nuestra primera gran alumna y hasta ahora la más duradera; con Bárbara Villarreal, una regia que cada proyecto que tocaba lo convertía en oro; y Fernando Sandoval, el diseñador que revolucionó esa imagen que ahora todos conocéis de Cabrera. Ese equipo era una joya. Pero las ambiciones y los tiempos cambian…, y lo hacen para todos.

Desde inicios de 2019 llegaron grandes éxitos empresariales a Cabrera, aunados a conferencias internacionales, y a Valeria de Dios, que como su nombre indica es el ángel que esta compañía necesitaba. Cuando fue mi alumna en la Universidad de Guadalajara, ni siquiera me planteé que fuera a ser la socia que en ese momento Cabrera & Co. necesitaba. Ella es paz, ella es tolerancia, ella es trabajo en equipo y, lo mejor de todo, ella y yo tenemos la relación perfecta que todos los socios querrían tener. No solo ha contribuido con su energía, siempre activa, sino ha sabido inculcar en cada uno de nuestros empleados una manera de ver la vida más relajada y no tan enfocada en el dinero, sino en valores que a veces son incalculables. GRACIAS, Valeria. Porque esto ya no podría seguir sin ti.

Y con ella llegaron Alejandra Camacho, soñadora nata y luchadora incansable; Fernanda Matínez, chiapaneca de corazón pero tapatía hasta para liderar los mejores proyectos de esta compañía; y por supuesto Julia Cano, nicaragüense que más allá de moverse por la lana, lo hace por lo que dice su corazón y por la pasión que aplica en cada actividad que lleva a cabo. ¡Gracias infinitas! Porque hacéis que cada proyecto salga y cada día, aunque nos cueste, lo haga mejor.

Cabrera & Co. no va a dejarse llevar por la crisis. Todavía nos queda mucha guerra que dar, con nuevos proyectos como Cabrera Academy o The Sellers Factory, y esperando que grandes talentos como el de Ismael Zepeda entren a formar parte de esta familia que cada vez es más grande y más bonita.

No sé si tendré hijos, pero lo que tengo claro es que el mejor legado que voy a dejar en el mundo será mi apellido impregnado en la camiseta de los mejores trabajadores que alguien puede tener.

 

FRANCISCO J. CABRERA

CEO y Fundador de Cabrera & Co. 

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